jueves, 9 de septiembre de 2010

Azul eléctrico

Te canto, sentada en el portal de mi casa que está dentro de la selva. Pasa el viento levantándome el vestido y no importa nada, estoy sola junto a las plantas que se desperezan, emocionadas de que la lluvia vaya siendo menos cada día. Veo un caracol y le dedico el siguiente bolero -espero que no te moleste-. "Negra, negra de mi vida, negra consentida, ¿quién te quiere a ti?". Dices, espero que tú, en mi mente, y me tiemblan las rodillas.

La tarde cae cada vez más tarde: el amanecer se retarda y sobre la iglesia de mi pueblo el azul eléctrico me hace pensar en el futuro cercano: este presente precario, hecho de disciplina y silencios, me gusta solamente porque tiene final programado. Hasta las promesas de la sangre me saben a brisa ligera que se olvida al amanecer. Lo único definitivo es este cuerpo, esta voz que se quiebra con amores que no ha vivido, esta descreencia por sistema que tiene el privilegio de la sorpresa.

Es otoño, logré llegar. Solamente en él hay este sol dulce dulce, que se resiste a largarse. Solamente en él me miro las manos y las encuentro hermosas sin acariciar a ningún hombre: esos otros y sus promesas de sirena ebria, sus realidades evasivas que explotan a media noche con violencia, sus poemas desgarrados remendados con hilos de plata, sus historias de verano junto al mar.

No quiero nada, quiero quedarme aquí, cantarte toda la tarde, platicar con las criaturas que no hablan y prolongar el zero hasta que ya no aguante más...




1 comentario:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Azul, para llevarlo dentro del pecho...

Saludos y un abrazo.