sábado, 16 de enero de 2010

Claridad

El cielo se pone claro sólo para que no olvides a las montañas que rodean tu casa, tu barrio y el punto cardinal que te sostiene del mapa. Están allí desde antes que las palabras, observando con paciencia cómo tus padres y tus abuelos construían caseríos a la vera del agua, convirtiéndolos en pueblos, allanando lentamente los caminos para unirlos y terminar escondiéndolos, como todo lo que ya no es hoy, detrás de grandes almacenes y avenidas ruidosas.

Vino el viento a barrer todo para que te dieras cuenta: sigues siendo tan pequeño como antes, morirás y los árboles bailarán al ritmo de las corrientes; las nubes ocultarán el azul y lloverá, caerá agua hasta que desaparezcan tus miradas, tus recuerdos y hasta las letras grabadas sobre el mármol de tu tumba.

Y es que, aunque no lo quieras ver, la fuerza indetenible no pertenecen al orden de lo humano.

1 comentario:

Máximo Ballester dijo...

Excelente texto. Me encantó.
Muy pero muy bien escrito.
Un abrazo.